Detox de redes sociales (o 30 días sin usar Instagram)

¿Vale la pena pasar 30 días sin Instagram, Facebook, ni Twitter?

Las redes sociales se fueron incorporando poco a poco a nuestra rutina diaria a lo largo de los últimos años. Esto se vió potenciado con la llegada de los smartphones y su capacidad para darnos acceso acceso a internet durante las 24 horas del día, prácticamente desde cualquier lugar del mundo.

Pero sabemos que esto no siempre fue así. Hubo una época no muy lejana en la cual solíamos entrar a Facebook cuando llegábamos a casa, al final del día o en algún que otro break durante el trabajo.

La forma en la que utilizamos las redes cambió por completo. Cada vez que tenemos un intervalo de tiempo vacío, sin nada para hacer (aunque sean unos segundos mientras esperamos que la luz del semáforo cambie a verde para poder avanzar) nuestro instinto nos lleva a sacar nuestro celular y empezar a scrollear nuestro feed de Instagram.

Pero ¿Que pasaría si tratamos de dejar de utilizar por completo nuestras redes sociales al menos por unas semanas? ¿Cambiaría algo o simplemente pasaríamos a ser unos bichos raros, incomunicados y marginados de la sociedad?

Esas fueron algunas de las preguntas que me plantee a mi mismo hace un tiempo y antes de emprender esta aventura (?) de estar más de 4 semanas sin instagram, facebook ni twitter. Todo para llegar a responder una pregunta en concreto: ¿Cuáles son los beneficios de no utilizar redes sociales?.

 

Primer paso: eliminar la tentación

La primera medida obligatoria fue desinstalar todas las apps de redes sociales de mi teléfono.

En un principio pensé en sacar los accesos directos de la pantalla principal y moverlos dentro de una carpeta, simplemente para que no estén tan a mano. Error.

La solución es sencillamente eliminar toda posibilidad de caer en la tentación desinstalando lo que haga falta. El resultado se ve casi al instante: desbloquear el teléfono para darnos cuenta que no tenemos nada para hacer (a lo sumo mirar algunos mails mails o fotos sacadas recientemente) y luego volver a guardarlo.

 

Efectos y consecuencias de convertirse en un hombre de las cavernas

Las repercusiones de borrarte de tus redes sociales pueden verse desde el minuto uno, y se siguen manifestando con mayor intensidad durante las semanas siguientes.

Para tratar de ser lo más específico posible a la hora de narrar mi experiencia, voy a separar el relato en las cuatro semanas durante las cuales me ausenté del mundo.

 

Semana 1: No sé por qué tengo el celular en la mano

Hay un momento particular con el cual definir los primeros días después de haber borrado todo rastro de redes sociales. Este es agarrar el teléfono para luego darme cuenta de que no sabía para qué lo había hecho.

Simplemente desbloqueaba el celular y me quedaba mirando la pantalla sin saber para qué había llegado hasta ahí. Ya que estaba, tal vez abría la aplicación de GMail y veía algunos correos que estuvieran sin leer. Pero sabía bien que ese no había sido el motivo de la acción.

Una manera rápida de probar esto sin necesidad de desinstalar nada, es sencillamente moviendo nuestros iconos de Instagram, Facebook, o Twitter de lugar y reemplazarlos por otro. Tenemos una especie de memoria muscular que nos va a llevar a tocar en el lugar donde solía estar esa aplicación, casi sin razonar. El resultado va a ser el mismo que mencioné anteriormente: pensar: ¿Cómo llegué hasta acá?.

Estamos tan acostumbrados a llenar cada espacio de tiempo libre (aunque sean segundos) con entretenimiento que automáticamente nos sumergimos en nuestras redes sociales apenas nos quedamos sin tareas para hacer. Esto se da muy a menudo en el trabajo, pero puede ser en la calle, el auto, mientras hacemos algún trámite o incluso en nuestra casa.

Otra reflexión, aunque menos profunda: es increíble lo mucho que puede durar la batería de un smartphone cuando no estamos a cada rato mirando fotos y videos. Llegué incluso a estar 2 días completos con una misma carga, dándole un uso razonable que incluía Whatsapp, enviar mails y sacar alguna que otra foto.

 

Semana 2: Levanten sus cabezas, soquetes

El segundo llamado de atención llegó situaciones en las cuales la gente tenía que esperar, aunque se tratara de minutos o incluso segundos. No estoy hablando de un aeropuerto o una sala de espera de una clínica. Hablo de la cola de un supermercado, la parada del colectivo o incluso los semáforos.

Automáticamente, casi todas las personas a mi alrededor en la caja del supermercado estaban con la cabeza baja mirando el teléfono. Algunos hasta parecían simios, encorvados y riéndose solos. Seguramente yo había estado igual infinita cantidad de veces, pero no sabía que se veía así.

Lo mismo tuvo lugar en el semáforo. Y no hablo de la gente que espera para cruzar. Estoy hablando de la gente que maneja. Me pasó de mirar a ambos lados durante un semáforo en rojo (que duraba aproximadamente 40 segundos) para encontrarme con que, tanto el conductor de la derecha como el de la izquierda, habían sido atacados otra vez por el síndrome del simio encorvado que se ríe sólo.

Esto pareció llegar a su punto máximo con el multitasking. Gente tomando un café o comiendo una medialuna con el teléfono en la mano, o apoyado en la mesa mirando para abajo todo el tiempo. Cualquiera podría pensar que está haciendo algo importante, pero lo más triste viene cuando se puede ver que en la pantalla van pasando historias de Instagram a velocidades insospechadas.

Era como si tuviera un nuevo superpoder, poder ver lo que pasa en el mundo mientras el resto de las personas está inclinada mirando hacia abajo.

 

Semana 3: Aprovechando mejor el día

¿Que es lo último que hacés cuando te vas a dormir? Tal vez no sea tu caso particular, pero una enorme parte de nosotros, antes de cerrar los ojos, apoya el celular en su mesa de luz. Esto después de haber estado tal vez una hora o incluso más mirando fotos, videos, memes y otro tipo de entretenimiento.

A esta altura ya está más que comprobado que la luz azul que emiten las pantallas de los teléfonos móviles afecta el sueño de manera negativa, por lo cual absolutamente nadie recomienda usar el celular durante los minutos previos a descansar.

Ahora, imaginemos que ese tiempo de “entretenimiento nocturno” lo pudieramos utilizar de otra manera. Por ejemplo, leyendo un libro.

Brevísima historia del tiempo, La semana laboral de 4 horas y 10% más feliz
De derecha a izquierda: Brevísima historia del tiempo (Stephen Hawking), The 4 Hour Workweek (Tim Ferriss), 10% Más Feliz (Dan Harris)

Estos tres libros fueron el resultado de un mes sin redes sociales. Uno de ellos lo había dejado por la mitad y aproveché el momento para terminarlo, los otros dos los leí de principio a fin. La pura verdad es que no lo hubiera logrado sin la “ayuda” de haber desinstalado Facebook e Instagram.

Esto se dió porque, cuando llegaba ese momento de “recreo” que solía ocupar mirando videos y fotos antes de dormir, sencillamente me había quedado sin nada que hacer. Resultaba muchísimo más entretenido ponerme a leer algo antes que ponerme a mirar el techo.

Darme cuenta de esto me hizo preguntarme ¿Cuántos libros me perdí de leer a lo largo de estos años? Realmente me da curiosidad, pero creo que no quiero saber la respuesta.

 

Semana 4: Sin compararnos somos más felices

Las redes sociales nos hacen menos felices. O al menos el uso que le da mayoría de nosotros. No tengo ninguna duda de esto, y voy a defender a toda costa esta afirmación.

El motivo es lisa y llanamente la comparación. Pongamos el siguiente ejemplo:

Estamos tranquilos en nuestra casa. Tenemos un tiempo libre y el teléfono a mano, así que se nos ocurre revisar Instagram durante un rato para despejar la cabeza.

Ni bien abrimos la red social empezamos a ver fotos, videos y stories de personas que aparentan estar pasándola mucho mejor que nosotros. Gente que está de viaje, está en la pileta de su casa, está comiendo en un lugar caro, está con su pareja, está con su perro, gente que está feliz.

Siempre todo el mundo está feliz en Instagram. A nadie le gusta compartir sus malos momentos o sus días aburridos. Nadie que yo conozca sube historias yendo a pagar la factura de luz o limpiando el baño de su casa. Todos queremos mostrar nuestra mejor cara.

Todo esto hablando de las personas comunes y corrientes, pero ¿Qué pasa si agregamos a los influencers en esta ecuación? Personas con muchos mas seguidores que nosotros, muchos mas likes, y que como si fuera poco, que viven de vender su imagen en las redes a cambio de dinero.

Dadas estas condiciones, no es raro que compararnos con otras personas (o mejor dicho, con lo que aparentan ser otras personas) nos haga sentir miserables. Estamos comparando nuestra realidad con una imágen de realidad que muestran los demás, que no es real.

No tengo ninguna duda de que, al menos yo, soy más feliz cuando dejo de medir mi vida con lo que muestran otros. Incluso mejora mi creatividad, humor y aumenta mi tiempo libre.

Si aspiras a ser esa persona que ves en Instagram, tal vez lo mejor sea por un tiempo dejar de ver a otros Instagram y enfocarte en tu vida.

 

Lo que no pude (ni intenté) dejar: YouTube

¿Pero Youtube no es una red social? A mi parecer, no. Si bien tiene muchos aspectos similares o idénticos a algunas redes sociales (incluso hicieron su llegada las stories) creo que esta plataforma tiene un entorno mucho menos tóxico.

Primero que nada, ofrece contenido de mayor calidad. Es cierto que podemos encontrar basura, al igual que en todas partes. Pero en este caso, el contenido tiende a entretener de una manera más productiva y sana. ¿Quién no aprendió a hacer algo alguna vez mirando un tutorial en YouTube?

De hecho, esta web está funcionando gracias a YouTube. Ahí fue donde aprendí, gracias a un videotutorial de más de dos horas, a montar un sitio en WordPress y manejar las herramientas necesarias para su funcionamiento.

Como segundo punto me gustaría destacar que, a diferencia de Instagram, esta plataforma está más enfocada en el contenido y menos en las personas que lo generan.

En tercer y último lugar: es menos invasivo con la publicidad. Con esto no quiero decir que no tenga publicidad, todo lo contrario. A veces los creadores de contenido se pasan de la raya e incluyen anuncios hasta 4 o 5 veces dentro de un mismo video. Antes, durante y después. Sin embargo, no es eso a lo que me refiero.

Cuando estamos viendo, por ejemplo, un tutorial sobre cómo utilizar una herramienta de diseño gráfico, es probable que el video se corte en determinado momento para mostrar un anuncio. No está mal que sea así, es la forma de monetizar el contenido en esa plataforma. Sabemos que lo que estamos viendo es un anuncio, y que apenas termine el video va a volver a lo que nos importa. La diferencia es que…

Youtube vs Instagram: anuncios pagos vs publicidad encubierta

En el caso de Instagram es muy distinto. Dado que no existe un método de monetización oficial por parte de la empresa (al menos en américa latina y el mundo hispanoparlante) las ofertas y contratos de publicidad llegan desde afuera.

El caso típico puede ser el de una empresa de deporte que le paga a un usuario con una cantidad de seguidores determinada para que suba varias fotos a la semana vistiendo sus prendas, durante un período de tiempo. Todo esto sin permitir que la persona mencione en forma explícita que está haciendo publicidad a esa marca, como si se tratara de algo “natural”.

Otras veces se trata de campañas explícitas en las cuales los usuarios suelen utilizar hashtags referidos a la marca, o incluso dejar en claro que se trata de una publicidad paga.

Cualquiera sea el caso, todo lleva a lo mismo. Cuantos más seguidores tiene un usuario, más propenso es a generar contenido patrocinado. Como resultado, nuestra pantalla de inicio de Instagram termina plagada de empresas que intentan vendernos nuestros productos a través de influencers, que a su vez intentan naturalizar esa publicidad para que se note lo menos posible.

El contenido deja de ser el centro de la cuestión, para pasar a ser algo secundario. Algo así como si prendiésemos la TV y lo único que hubiera fueran famosos actuando publicidades permanentemente, sin contenidos ni programas para ver.

 

Conclusión

Si llegaste a leer hasta acá, te invito a probar tomarte un descanso de tus redes. No tiene que ser un mes, puede alcanzar con algunas semanas. Te puedo garantizar que vas a sacar algo positivo de esto. Probablemente seas más productivo durante ese tiempo e incluso hagas varias cosas que de otra forma no hubieras encontrado el tiempo para hacer.

 

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